domingo, 2 de diciembre de 2012

Crítica en ABCD



J. M. Pozuelo Yvancos reseña el libro Todos los besos del mundo de Félix Romeo para ABCD (1 de diciembre de 2012):


Romeo a golpes ****

Reúne este libro los más logrados cuentos de Félix Romeo a juicio de los editores, que han hecho una labor de búsqueda y recuperación de una obra que había visto la luz de manera muy dispersa en distintos periódicos (entre ellos ABC) y revistas. Si compilar cuentos en un volumen siempre es necesario para rescatarlos de su pérdida, lo es más en el caso de los de Félix Romeo, porque concurren dos rasgos que los condenaban a pasar desapercibidos: su autor era poco propenso a valorar en su justa medida lo que él hacía y, por otra parte, era tal su generosidad que no había empresa editorial pequeña o revista local que no conociera su entusiasta apoyo. Eso generaba dispersión de una obra poco extensa, mucho más deslavazada y sin duda bastante más interesante de lo que parecía, una vez la vemos reunida y podemos leerla con coherencia. 

La prematura desgracia de su muerte y su talante generoso y afectuoso entrañan, sin embargo, un peligro que conviene conjurar: el énfasis en su simpatía personal y en lo buena persona que era puede contribuir, sin quererlo, a mitigar su valor literario.

Foto movida 

Una vez he leído el conjunto de cuentos incluidos en Todos los besos del mundo, veo que su reseña, pero también un estudio introductorio de su sentido, deberían ir más allá de decir que Romeo era hombre cariñoso o generoso, o del dolor que su muerte nos causó.
Lo que merece que se diga es que era un cuentista singular, por momentos muy bueno, que logra algún cuento que conviene calificar de excelente, dentro de un conjunto también irregular, donde no faltan algunos de mera circunstancia.

Podría decirse que en Félix Romeo había un funcionamiento literario a golpes, pero algunos de los que daba merecen sobresalir. ¿En qué me parece que Félix Romeo sobresale como cuentista?: en la irónica construcción de unos personajes que se definen como outsiders y están siempre pillados a contrapelo, como si su inserción social o afectiva les hubiese cogido atravesados por la fatalidad o la fotografía de sus afectos y acciones hubiese salido movida.

Formas de fracaso

Llamo la atención sobre el hecho de que los personajes de sus cuentos profesan diferentes formas del fracaso. A pocos cuentistas se les habría ocurrido tratar la vida de alguien que se gana la vida fingiendo palos como tigre de lucha libre u otro que es un simple camello que transporta droga por encargo y, desde un hotel de Lisboa, contempla su plaza de toros, parecida a Disneyworld (ciertamente es así); o bien otro que tiene a su padre en prisión, acude al casino y apuesta para poder pagar la fianza, solo unos meses antes de que lo enchironen definitivamente. Incluso cuando se trata de festejar la Semana Santa de Calanda, vemos el aburrimiento de la pandilla y un irónico reconocimiento de cansancio juvenil en interminables y tediosas horas de farra. Junto a esa posición de aledaño social, neopicaresco, hay una consideración afectiva igualmente provisional, desajustada, de todos sus personajes.

Dos rasgos me han parecido asimismo destacables: la piedad, visible en ponerse un personaje a pensar en la viudedad de los zancudos cazados en las marisma, y una cierta ironía muy aragonesa, de identidad semitorcida, se hable del Ebro, de los Monegros o de esos espacios que han sido vistos como versiones de la Ínsula Barataria.

Félix Romeo crea cuentos sanchopancescos en cuyo lenguaje convive el sabor de lo que la gente habla en atmósferas de cultura medio-baja, por la que pasan de vez en cuando héroes cultos a mojarse un poco.

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